Soñar con las estrellas


(Un encuentro en el aula con Carlos Morales)

Texto: Rubén Benítez (Profesor de Filosofía del IES El Calero)

Fotos: Irene Delgado (Profesora de Latín del IES El Calero)

 

«La rentabilidad económica del aprendizaje y la formación laboral que transmite no son desdeñables. Pero educar no es sólo preparar empleados, sino ante todo ciudadanos e incluso personas plena y conscientemente humanas, porque educar es “cultivar la humanidad” y no sólo preparar para triunfar en el mercado laboral. Ésa es la verdadera rentabilidad democrática de la formación educativa y la adquisición de esa riqueza es algo cuya reivindicación nunca debe abandonarse.»

Fernando Savater, Figuraciones mías

 

 

De La Tierra al cielo

Carlos Morales asegura que nunca pensó seriamente que el grupo de alumnos que coordinaba fuese a ganar. Sus manos se mueven silenciosamente encima del pupitre, entrecruzando una y otra vez los dedos, mientras enfatizan cada una de sus palabras y de sus ideas, como si fuesen un fiel notario de la realidad. Como si quisieran dejar constancia secreta de todo lo que dice.

Cuando le preguntamos por qué no creyó que fuese a ganar, sin pensarlo dos veces me responde que tenía esa sensación por la supuesta superioridad de los equipos rivales (entre otros motivos), que se presumía aplastante.

Los hechos parecen haber certificado todo lo contrario: un grupo formado por alumnado de 2º y de 4º de la ESO del IES El Calero, cuyas edades oscilan entre los 12 y los 16 años, se enfrentaron en una competición matemática a grupos similares de diferentes países, entre los que figuraban Austria, Bélgica, República Checa, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Polonia, Portugal, Rumanía, España, Suecia, Suiza, Gran Bretaña, Canadá y Eslovenia.

Estamos en vísperas de la festividad de San Juan, y poco a poco, en pequeñas oleadas, como un grifo por el que se escapa el agua, los alumnos han dejado de acudir gradualmente a las aulas a lo largo de la semana.

La llegada del buen tiempo y la perspectiva de las vacaciones son alicientes muy atractivos, demasiado apremiantes, como para ser eludidos. La promesa de libertad con la que sueñan los chicos demasiado intensa como para seguir respetando la obligatoriedad de la asistencia a estas alturas del curso.

 

 

Del cielo a La Tierra

El aula se encuentra vacía en estos momentos, pero la conversación gira en torno a este grupo de alumnos. La sensación de que podían ganar empezó a cambiar, dice Carlos Morales, después de la primera de las pruebas, la de la temperatura, con una exposición oral en formato “Pecha Kucha”. Y añade que, a partir de ahí, se dieron una serie de condiciones favorables.

Tres pruebas matemáticas, como una carrera de obstáculos, antes de llegar a la meta final. Mientras nos relata el proceso que les ha llevado hasta esa meta, mi mente empieza a reproducir automáticamente el argumento de las novelas de J. R. R. Tolkien, ya saben: un anillo para encontrarlos; otro anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas; y, el último, un anillo para gobernarlos a todos.

Pero en lugar de encontrarnos en la Tierra Media para combatir el poder del Señor Oscuro Sauron, estamos en un aula vacía de la ESO. Y en vez de tres anillos con propiedades mágicas, nos enfrentamos a tres pruebas matemáticas de la máxima complejidad, cada una de ellas relacionada con un ámbito científico, pero a su vez comunicadas entre sí, a partir de datos reales aportados por la Estación Espacial Internacional (ISS): una de temperatura, otra de aceleración y, la última, sobre el campo magnético. Todo un abismo de cálculos ininteligibles cuya comprensión escapa de largo al común de los mortales.

Experimentos científicos relacionados con la Estación Espacial Internacional, campos magnéticos, aceleración, temperatura de la ISS. Parece que hemos dado un salto en el tiempo y, de la Tierra Media, de repente pasamos a los escenarios futuristas de las películas de ciencia ficción como 2001: Una odisea en el espacio.

Uno no consigue descifrar demasiado, la verdad. Para tranquilizarse se dice que lo importante es que los chicos y las chicas del grupo supieron hallar las soluciones a cada uno de los problemas que se les plantearon.

Y que al final ganaron. Contra todo pronóstico, ganaron.

 

 

 

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