Borges (V): Un poeta extraviado en la metafísica

 

«Esta refutación (…) es el débil artificio de un argentino extraviado en la metafísica.»

Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones

 

Sabemos que Borges representa un caso atípico no sólo dentro del ámbito hispanoamericano, sino de la literatura en general, que se ha ganado un lugar por derecho propio en la lista de escritores más decisivos e influyentes de la historia.

Sabemos, además, que ese carácter excepcional posiblemente se encuentre relacionado con esa simbiosis entre narrativa y filosofía que se puede rastrear en toda su obra.

En el prólogo de uno de sus textos más conocidos, el propio Borges se definió a sí mismo como “un argentino extraviado en la metafísica” (“Nueva refutación del tiempo”), y a lo largo de sus numerosos poemas, ensayos y conferencias siempre reivindicó esa deuda que contrajo con la filosofía, desde que su padre lo iniciara en los misterios de sus laberintos cuando apenas era un niño.

La relación entre la narrativa de Borges y la filosofía es uno de esos temas tan fértiles y atractivos que han inspirado -y siguen inspirando- ríos de tinta. Esta tendencia, además, está acentuada por el hecho de que parece haber un Borges para todos los gustos, un Borges apto para cualquier tipo de sensibilidad estética o filosófica que lo reclama para sí como un precursor -la mayoría de las veces, involuntario- de sus doctrinas y credos.

Debido a este relativismo axiológico que desprende su obra, Borges ha sido reivindicado desde numerosas corrientes, a menudo contradictorias entre sí. Según el punto de vista elegido para leerlo, Borges puede parecer un escritor ateo o teísta, agnóstico o panteísta, racionalista o empirista, postmodernista o heideggeriano, deconstructivista o platónico.

Y lo peor de todo -o quizás lo mejor de todo-, es que existen indicios justificados para apoyar esta polifonía de voces que interpretan y reinterpretan su obra.

El problema -o la ventaja- de todo esto, es que parece haber un Borges que se ajusta como un guante a la medida de cada lector, que consigue encontrar en sus textos sin demasiada dificultad indicios de las tesis que desea corroborar, peculiaridad que a menudo introduce no pocas dosis de confusión a aquellos que desean adentrase en su peculiar universo.

La fuerza persuasiva de la obra de Borges hay que buscarla, precisamente, en ese nexo común entre narrativa y filosofía, sin cargar las tintas en ninguna de ellas, porque cualquier intento por acentuar alguna de las dos facetas prescindiendo de la otra, termina por desvirtuar la singularidad que la ha convertido en una referencia para los lectores.

 

Para profundizar más en la obra de Borges:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/a-fondo/entrevista-jorge-luis-borges-fondo-1980/1058440/

2 Comentarios

  1. Gran artículo Rubén. Hay un dicho que dice “Soy culpable de lo que digo, no de lo que tú quieras entender” y así es como se puede interpretar a Borges, quizás cuando escribía no trataba de llegar a “ningún puerto”, y eso quizás fuera lo que le hizo ser gran escritor.

    • Es cierto: posiblemente Borges escribiese sin un proyecto muy definido, lo cual no le resta valor a su obra, sino que se la añade, desde mi punto de vista. Los que nos dedicamos a escribir sabemos que no siempre es fácil, ni siquiera factible, tener una macroproyecto que le dé sentido y unidad a todo lo qe hacemos, sino que vamos improvisando sobre la marcha, según los pequeños proyectos que nos salen al paso.
      Y en fin, creo que se nota que Borges es una de mis debilidades literarias. Por eso he intentado reservarle un espacio en esta página, para todos aquellos lectores que deseen saber un poco más sobre su obra o profundizar un poco más en ella.
      De hecho, este artículo es la quinta parte de una serie que he estado publicando desde el inicio de curso. Pero prometo que ya no voy a ser más pesado con él. Gracias por comentar.

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