Tolerancia cero frente a la violencia machista

«La humanidad es masculina y el hombre define a la mujer, no en sí, sino en relación con él; la mujer no tiene consideración de ser autónomo (…) La mujer se determina y se diferencia con respecto al hombre, y no a la inversa; ella es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el Sujeto, es el Absoluto: ella es la Alteridad.»

Simone de Beauvoir, El segundo sexo

 

El 25 de noviembre se celebró el “Día contra la violencia machista”. A lo largo de ese día se suceden en diferentes lugares públicos lecturas de manifiestos, minutos de silencio y movilizaciones colectivas convocados para expresar la denuncia y el rechazo de la sociedad a esa forma particular de dominación de un ser humano hacia otro: la que realiza el hombre hacia la mujer. Una forma de dominación que se materializa cada año en esa luctuosa cifra de muertes violentas de mujeres a manos de hombres que confunden el amor con el maltrato, la dominación y la represión.

A estas alturas a nadie se le escapa que esa dominación machista lamentablemente hunde sus raíces en el sustrato de nuestra tradición y que es posible rastrearla incluso en los textos fundacionales de la civilización occidental: la Biblia y los mitos de Hesíodo y de Homero.

Los ejemplos de Pandora y Penélope en la tradición greco-latina y el de Eva en la judeo-cristiana conforman una imagen de la mujer que no puede ser más peyorativa si se la compara con la imagen del hombre.

Precisamente esa imagen es la que Simone de Beauvoir critica en su libro El segundo sexo, en el que señala que si bien desde el ámbito político se ha excluido a la mujer de la condición de “ciudadano de pleno derecho”, privándola así de todos los beneficios y del reconocimiento social que conlleva esta condición, desde el ámbito ético se le ha excluido del horizonte propiamente humano.

La mujer ha sido considerada históricamente como un ser defectuoso, incapaz de afrontar los desafíos de la vida e infradotada para el heroísmo y la genialidad. El universo femenino ha tenido un estatus secundario, inesencial y prescindible con respecto al masculino. De ahí que Beauvoir se refiriese a la mujer como el “segundo sexo”. A pesar de los numerosos avances conseguidos en los últimos tiempos, en nuestra sociedad patriarcal el mundo siempre se ha representado como un “mundo de hombres” y a la mujer solo le ha quedado adaptarse a esa situación. Lo masculino se ha autocontemplado siempre como la representación del universal humano.

Además de esto, Beauvoir denuncia la existencia de una relación asimétrica entre ambos sexos. El hombre se ha autoafirmado como sujeto, como punto de referencia esencial de todo lo demás, mientras que a la mujer se la ha definido tradicionalmente como “alteridad”, como aquello cuyo reconocimiento depende del canon masculino.

Una vieja tira cómica de Quino muestra a la madre de Mafalda preocupada porque al día siguiente su hija empieza en la escuela. Con el objetivo de tranquilizarla, Mafalda le dice lo siguiente: “¿Sabes mamá? ¡Yo quiero ir al jardín de infantes y luego estudiar mucho para no ser el día de mañana una mujer frustrada y mediocre como vos!”. La ironía y el sarcasmo de Mafalda ponen de relieve la raíz axiológica de la discriminación histórica de la mujer como “segundo sexo”.

Dice Simone de Beauvoir en su libro que una de las mejores formas de atajar la discriminación sexual sea confiar en una educación que cimente los valores universales de la igualdad, la autonomía y la libertad. Quizás de esta manera podamos conseguir una sociedad en la que la violencia machista sea simplemente un mal recuerdo del pasado.

 

 

Texto: Rubén Benítez (Profesor de Filosofía del IES EL Calero).

Fotografías: Pilar Pérez (Profesora de Plástica y Dibujo del IES EL Calero, tomadas de los diseños de los carteles del alumnado para conmemorar el Día de la No Violencia Machista en el centro, el pasado viernes 24 de noviembre de 2017).

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