Textos literarios de terror para Halloween (III)

DRÁCULA (Fragmento adaptado: “Los poderes de Drácula”)

Bram Stoker (1847-1912)

(Habla el Profesor Van Helsing)

“Los seres que llamamos vampiros existen; alguno de nosotros tiene pruebas de ello… las enseñanzas y los testimonios del pasado ofrecen pruebas suficientes para cualquier persona sensata. El nosferatu no es como la abeja, que muere en cuanto clava su aguijón. Al contrario, se hace más fuerte; y al ser más fuerte, tiene todavía más poder para hacer el mal. El vampiro con quien nos enfrentamos posee él solo la fuerza de veinte hombres y es más astuto que cualquier mortal, ya que su astucia ha ido en aumento a través de los siglos. Todavía utiliza la necromancia, que es, como su etimología da a entender, la adivinación mediante la invocación a los muertos, y todos los muertos a los que puede acercarse le obedecen. Es una bestia, o peor aún: un demonio cruel que no tiene corazón. Puede aparecerse a voluntad, cuando y donde quiera, y en cualquiera de las formas que le son propias. Tiene el poder de mandar sobre los elementos: la tempestad, la niebla, el trueno. Puede hacer que le obedezcan las criaturas más despreciables: la rata, el búho, el murciélago… la mariposa nocturna, el zorro, el lobo. Es capaz de aumentar de tamaño o hacerse pequeño, y a veces hasta de desvanecerse y no ser visto. Su cuerpo no proyecta sombra, ni su imagen se refleja en un espejo. Puede transformarse en lobo, convertirse en murciélago y llegar envuelto en la niebla que él mismo crea. Es capaz de aparecer en los rayos de la luna, en forma de minúsculas motas de polvo. Además puede ver en la oscuridad. Pero aunque puede hacer todas esas cosas, sin embargo no es libre. No sabemos muy bien por qué pero no puede entrar en ningún sitio a menos que alguien de dentro le invite a pasar. Su poder cesa, como el de todas las fuerzas malignas, con la llegada del día. Se dice también que solo puede cruzar aguas vivas si están quietas o crecida. Una rama de rosal silvestre puesta sobre su ataúd le impide abandonarlo; una bala consagrada disparada contra el ataúd le mata, dejándolo realmente muerto; y en cuanto a atravesarlo con una estaca, ya sabemos que le devuelve la paz, lo mismo que cortarle la cabeza le proporciona el descanso eterno”.

 

 

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