Serie Borges (II): Entre ficción y especulación

Es un lugar común de la literatura especializada en Borges dedicar una atención especial a la influencia de la filosofía como fuente de inspiración o “plataforma literaria” de sus cuentos fantásticos.

 

No hay que olvidar que Borges, antes de cultivar la narrativa fantástica -obra por la que es mundialmente reconocido- había cultivado antes con desigual fortuna la poesía y el ensayo.

 

Pero más que inspiración, influencia o contaminación entre dos géneros aparentemente tan heterogéneos como la filosofía y la narrativa, podría hablarse de una difuminación de los límites genéricos entre ambos, al menos, por dos motivos.

En primer lugar, porque los dos géneros son cultivados, aunque no con la misma asiduidad, hasta el final de su vida. Libros como El hacedor (1960) constituyen una miscelánea de  ingredientes tanto filosóficos como narrativos.

Tampoco tiene ninguna dificultad, como hace en Historia de la eternidad (1936), en transportar un fragmento de un libro a otro. Hecho que nos induce a pensar que Borges se sentía igual de cómodo trabajando ambos géneros.

 

En segundo lugar, y lo que es mucho más importante, porque le ocurre con frecuencia al lector no poder separar los motivos ensayísticos de los literarios, y viceversa.

 

Este es uno de los principales motivos que convierten la obra del escritor argentino en objeto de numerosos estudios y una de las más divulgadas de los últimos tiempos.

 

Para seguir profundizando en la obra de Borges:

 

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