Ruta aldeana

Por LUIS CARLOS NAVARRO ESPINO
Para poner en práctica y reforzar los conocimientos adquiridos en clase sobre la geología canaria, el grupo de 1º de bachillerato de Ciencias se dirigió hacia el oeste gran canario, concretamente al municipio de La Aldea. Allí realizaron una ruta naturalista en la que pudieron observar los materiales que dieron lugar al nacimiento de la isla a través de un volcán en escudo hace 14,5 millones de años, pero no sin antes hacer la obligada parada en la zona conocida como “Los Azulejos” para contemplar el borde de la que fue realmente la Caldera de Tejeda. En es ese lugar pudieron ver el resultado de las alteraciones hidrotermales que dieron lugar a esos característicos y bonitos colores que decoran el impresionante barranco de Veneguera.

El paseo transcurrió de forma amena, con un clima variable entre sol y nubes, pero con un viento constante que en ocasiones golpeaba con potentes rachas que alegraban el recorrido ya que no dejó a nadie sin despeluzar. Además, una fina y cercana lluvia nos brindó algunos arco iris para el recuerdo.

Comenzamos la ruta en la zona donde se encuentran los restaurantes de la playa de La Aldea para luego dirigirnos hacia la Degollada del Perchel a través de una antigua carretera de tierra, ahora abandonada, producto de un proyecto urbanístico afortunadamente fracasado. La Degollada del Perchel es un lugar único donde poder observar los acantilados del Andén Verde y Faneque, La Punta de Las Arenas, el Puerto de Agaete y la Punta de Sardina, además allí vive una de las comunidades de plantas más bonitas y escasas de Gran Canaria, la siempreviva de La Aldea (Limonium benmageci), de la que sólo existe, en todo el mundo, una pequeña población en esos imponentes acantilados costeros, dónde, además, anidan diferentes aves pelágicas como las famosas pardelas o los misteriosos paíños.

A la vuelta pudimos seguir observando el tabaibal-cardonal que tapiza la zona; plantas como cardones, espinos, aulagas, toldas o balos, aves como los canarios, las bisbitas o las gaviotas, cada una en su particular ambiente, iban acompañándonos durante el recorrido, lo que sirvió de ayuda para explicar las relaciones existentes entre los diferentes organismos y su hábitat.

Una vez llegados a la Punta de La Aldea pudimos sumergirnos en uno de los tabaibales mejor conservados de la isla y que nos condujo hasta el fondo del barranco del Perchel, desembocando después en la playa del Puertito para seguidamente iniciar el camino de vuelta hasta la zona conocida como “El Chozo”, donde se descansó y se tomó algún refrigerio.

Completado el descanso nos dirigimos hacia el charco, lugar de ceremonias desde épocas prehispánicas y que ahora está siendo objeto de un plan de recuperación ambiental. Para ello han delimitado su acceso y han habilitado una zona para la observación de aves, además de paneles informativos a través de todo un recorrido que, además de hacernos disfrutar del charco, nos permite adentrarnos en el mayor bosquete de tarahales de la isla, donde existe una gran riqueza biológica, y en el que, por poner un ejemplo, se han censado, gracias a la labor altruista y encomiable del colectivo Azaenegue Naturalistas, 72 especies diferentes de aves, lo que nos permitió seguir adentrándonos en la Biología, que será el tema fundamental en lo que queda de curso.

Finalmente nos dirigimos hasta la costa, a la playa de callados, lugar sin igual para seguir contemplando la gran geodiversidad de rocas que atesora este espacio, producto de la erosión en capas superiores que, desde el mismo Pico de las Nieves, “ha nutrido” esta costa con rocas de todo tipo y de todas las épocas, hasta, eso sí, la construcción de las presas que ha frenado su descenso y con ello el retroceso de la costa.

La vuelta, por el norte, nos hizo atravesar la cola de dragón y ver la tremenda vertical que corta el Andén Verde y el Risco de Faneque, uno de los acantilados marinos más altos del mundo, con 1027 metros sobre el nivel de mar.

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