Reflexiones sobre «La Venus del espejo», de Velázquez (II)

                                                       VENUS DEL ESPEJO

 

Por CARMEN SÁNCHEZ SANTANA 4ºD:

Qué alivio saber que aún se sigue hablando de mí, a veces he llegado a pensar que en cualquier momento voy a ser eliminada de las mentes de todos, aunque dicho pensamiento no tarda mucho en desaparecer de mi cabeza pues, os recuerdo que soy una divinidad, y no una cualquiera.  Afortunadamente, y puedo decirlo con orgullo, soy la diosa del amor, por ello en numerosas ocasiones se me identifica con Afrodita, pero seamos sinceros, no hay ser comparable conmigo.

 

Esto no es todo, de belleza y fertilidad pueden presumir mis dominios también, puesto que de ellos, la diosa igualmente soy.

No voy a negar que al escuchar mis palabras, en ti se cree una imagen de mÍ un tanto egocéntrica o con carencias de humildad, pero bien es cierto que tengo mis razones. A lo largo de la historia he  tenido una importancia destacable, no solo por lo comentado anteriormente, sino por otras cualidades que poseo. Muchos me hacían llamar diosa de los campos o jardines, debido a que la vegetación florece rápidamente cuando mi presencia cerca está.

 

Incluso mi nacimiento, asombroso fue.  La explicación a esto, se le atribuye al corte de genitales que Saturno ejecutó sobre mi padre, Urano. Después de dicho corte, estos fueron arrojados al mar contactando así con la espuma, que dio lugar a mi creación.

Poco después fui llevada a Chipre, aquí automáticamente sorprendí a otros dioses con mi notable sensualidad, otra de mis cualidades.

Como vemos, siempre he llamado la atención de todos, y es por ello que he sido representada en diferentes ocasiones y con distintas características por muchos artistas, como Velázquez, uno de los pocos que me representa cambiando mi cabello dorado, por una bonita melena oscura, aunque de ambas maneras, sigo siendo bella. En su cuadro se reproduce tumbada de espaldas, como símbolo de erotismo, frente a un espejo que me permitiría observar a los espectadores a través de él, en caso de que realmente ese cuadro cobrase vida.

 

Al describirte dicho cuadro podrías pensar que la protagonista no soy yo, pero Velázquez, muy inteligente, pintó a mi hijo Cupido, que por cierto ha heredado la ternura indiscutible de su madre,  para poder identificarme más fácilmente.

 

Ya que he nombrado a mi maravilloso hijo, puede que también sea de su interés saber que Vulcano es mi marido.  A él, por otra parte, se le conoce como el dios romano del fuego.

 

En fin, podría seguir relatando quién soy, por qué se me conoce, mis cualidades, y mis representaciones a lo largo de la historia, pero creo que es suficiente por hoy.

 

 

Si quieres saber más sobre la historia de Mary Richardson, la sufragista que mutiló «La Venus del espejo», sigue el siguiente enlace:

 Mary Richardson: la sufragista que mutiló “La Venus del espejo”

 

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