Microrrelatos, cuentos y otras bagatelas (I)

Por Samuel Rodríguez Hernández (Profesor de Lengua Castellana y Literatura)

 

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”

Augusto Monterroso

 

Desde el área de Lengua Castellana y Literatura nos esforzamos porque nuestros alumnos puedan conseguir alcanzar el objetivo de comprender y expresar, con corrección, de manera oral y por escrito, textos y mensajes complejos. Más allá (o más acá) de esa gran meta que nos fijamos diariamente, se establece un vínculo mágico de anhelos, dormidos dinosaurios, palabras dormidas, que tarde o temprano fraguan el universo íntimo de los alumnos y alumnas, y que, de alguna manera, es bueno materializar.

La finalidad última que se ha buscado es pues, teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, que los alumnos expresen, utilizando las herramientas adecuadas (características básicas del cuento y el microrrelato), sus mundos internos, preocupaciones y sueños, a través de la creación personal. Solo con que la lectura de los textos logre maravillar, inquietar, suscitar preguntas, en el lector, tal y como han logrado hacerlo conmigo, estará más que conseguida la meta para la que fue creada esta situación de aprendizaje.

Por último, desearía expresar mi más sincera gratitud a los alumnos y alumnas por su implicación, sus grandes sueños compartidos, juegos y demás bagatelas, que, de una forma o de otra, nos devuelven a aquel mundo fantástico que olvidamos diariamente, pero al que debemos regresar, como si se tratara de esas “Itacas” (Cavaffis) que nos aguardan al final del camino.

 

 

 

 

SELECCIÓN DE MICRORRELATOS

 

Era la noche perfecta para lucir el disfraz que había preparado durante días. Salió dispuesto a conseguir algunas golosinas, pero acabó donde no quería, la casa que todos temían. Tocó el timbre involuntariamente, sin atenerse a las consecuencias.

Aquel día comprendí todo, lo comprendí. Sólo le bastó un segundo para enamorarme con una sonrisa.

Dalila Gil Brito (3º ESO B)


A mi padre le gusta molestar a mi primo. Dice: “¿Quieres caramelos?” Y con eso basta. Mi primo es consciente y diabético. Las dos cosas. Esto sucede en la calle.

En casa, Timoty ordena las cajas donde se guardan los adornos de Navidad. Estamos en pleno agosto y, pese a ello, disfruto viéndolo ordenar el tiempo como un dios primitivo de otras latitudes. Timoty es un dios bajo la forma de un niño. De repente, deja los adornos a un lado y susurra entre dientes: “Ya sabes que no puedo comer caramelos”.

Moisés Valenzuela Campos (3º ESO C)


En la estepa de Rusia dicen vivía un hombre de 3 metros (dicen, porque en realidad nadie nunca lo vio). Vivía alejado de la sociedad porque se sentía mejor estando rodeado de la naturaleza. Llegó a vivir hasta los 98 años y murió donde verdaderamente quería, claro que esto es mucho suponer.

Yo creo que en realidad era una mujer; una mujer bellísima, huída de la esclavitud de las convenciones, que no ha muerto, me gustaría pensar, y que es parte esencial de nosotros mismos, de nuestra naturaleza más salvaje.

Cristo del Rosario Sánchez (FPB 2)


Siempre lo había conseguido, y esta vez no iba a ser distinto. Enamorada, había escrito la canción que suena en los oídos de él; canción atenuada y valiente que esquiva el silbido de las balas, el cañón o la muerte del amigo tirado, abandonado, en una de las principales calles de Basora, Irak.

Marta Ceballos Plumed (3º ESO B)


Érase una vez un caballero andante, frío y distante como las piedras. El día de su boda se mostró yermo y sin atisbo de sentimiento alguno que denotara algún tipo de emoción. Aquel caballero se decía en la intimidad que sólo amaría a su igual, a su par… y que moriría, decía, en los brazos de otro caballero.

Cuando la daga ya se hundía en su costado izquierdo, de aquel frío caballero dicen que brotaron las siguientes palabras, justo antes de morir: “Te quiero”

Claudia Alguacil (3º ESO C)


Dos niños se echaron a andar un día. Muy temprano se adentraron en el bosque. Muy temprano descubrieron la imposibilidad de que existieran casas de chocolate, de que era imposible la existencia de brujas malignas, de que alguien algún día limpiara la comisura de sus labios mientras sus cuerpos yacen muertos de hambre en el corazón del bosque.

Sullivan Sosa (FPB 2)


Ir de camino a la fiesta de cumpleaños de alguien no tiene nada de especial, excepto si no existe camino, ni fiesta, ni cumpleaños. Entonces “ir” se convierte en algo misterioso, algo que verdaderamente vale la pena.

Cristina Santana Suárez (3º ESO B)


Sus ojos se cerraron. Su piel se tornó blanca como la nieve. Su mano tendida sobre el hombro de la madre cayó sobre la semilla y se escuchó un irritante pitido….

Álvaro Pavón (3º ESO C)


Las sombras iban de un lado para otro. A lo lejos del largo pasillo, la sonrisa de un payaso presagiaba lo peor.

Pronto cerrarán la casa del terror hasta el año que viene. Persistirá, no obstante, la sensación de miedo como la lágrima que todo payaso tiene tatuado en sus ojos.

Giovanni del Cristo Torres Castellano (FPB 2)


Ellos seguían preocupados, mientras él jugaba feliz en el parque. Lo que no sabían es que la inocencia es un búmeran, se recupera y vuelve, y quien juega feliz en el parque, tarde o temprano, se preocupará, ya sea por cosas sin importancia, como por querer restar al juego lo esencial.

Rita Anabel Jerez Monagas (3º ESO B)


Ella ya no está. Bella ha desaparecido. No ha dejado rastro tras de sí. Bueno, me equivoco: un reguero de agua que simula sangre, sin serlo, se esparce como una nube y avanza hacia algún lugar sin nombre.

Natalia Fernández Gil (3º ESO C)


Clay oye que alguien ha tocado a la puerta. Por fin se decide y abre. Es el cartero. Toma la caja y entra, asegurándose por la mirilla de la puerta de que está solo.

Una vez en su cuarto, Clay abre la caja y coloca ordenadamente las cassettes sobre la cama. Del 1 al 13. Las cintas son de Hannah. En la primera de ellas descubre un mensaje en un trozo de papel: “Si quieres revelar los secretos tienes que darle a play”.

Cathaysa Luque Delgado (FPB 2)


Terminé de hacer los deberes y mi perro Leo seguía en su cama aburrido, esperando por mí para jugar.

Cuando terminé, Leo alzó la cabeza y comenzó a hablar.

Daniela Sarmiento Valido (3º ESO B)


Todos tenemos tanto miedo a equivocarnos que no arriesgamos ni un ápice, de tal forma que perdemos las mejores oportunidades. Así, sin ir más lejos, contemplo como el tren se pierde en la distancia.

Andrea Cáceres (3º ESO C)


Aquella casa fue abandonada a su destino en el 76. Yo aún no había nacido. Lo que sé me lo han contado otros. Personas que a su vez se lo habrán escuchado a otras personas, cambiando el mensaje, magnificándolo todo, tergiversándolo todo. Yo lo que sé con cierta certeza es que allí ya no vive nadie; que una familia entera murió, dicen, misteriosamente, y un largo etcétera de cosas extraordinarias y desvaríos que atormentan el sueño de los niños.

Yo no sé si todo lo que se dice es cierto. Lo único que siento, cuando lo pienso, es una gran tristeza que pesa muchísimo. Una familia entera abandonada a la voracidad de la nada, a la soledad más rastrera: estar en boca de todos sin que nadie acierte a compadecerse del mal ajeno, obsesionados en la mentira de recuerdos que no son tales.

Sí, y el miedo de los niños también.

Guille González Álamo (FPB 2)


Cómo pudo haber pasado aquello, si yo no creo en los milagros.

Carmen Sánchez Santana (3º ESO B)


 

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