La “muerte de Dios” y otras propuestas teóricas de Nietzsche

Por Onán Rivero, Aythami Galván y Ramón Marrero:

Una primera y elemental aclaración es que cuando Nietzsche predica la muerte de Dios no quiere decir que Dios haya existido y después haya muerto (un absurdo). Nietzsche nunca creyó en la existencia de Dios. Esta tesis señala simplemente que la creencia en Dios ha muerto.

1) Relación entre el hombre y Dios:

* Nietzsche considera que Dios no crea al hombre sino el hombre a Dios.

2)Razones de la creencia en Dios:

* para Nietzsche la creencia en Dios es una consecuencia de la vida decadente, la idea de Dios es un refugio para los que no pueden aceptar la vida.

3) “Muerte de Dios”:

* Nietzsche considera que estamos ante un acontecimiento actual: no explica las razones históricas que han dado lugar a la creencia en Dios, ni las que han dado lugar a su descrédito, pero parece indicar que estamos en un tiempo histórico clave pues en él asistimos a su necesario final.

4) “Concepto de Dios”:

Cuando Nietzsche se refiere a Dios se refiere al dios de la religión, particularmente del cristianismo, pero también a todo aquello que puede sustituirle, porque en realidad Dios no es una entidad sino un lugar, una figura posible del pensamiento, representa lo Absoluto. Dios es la metáfora para expresar la realidad absoluta, la realidad que se presenta como la Verdad y el Bien, como el supuesto ámbito objetivo que puede servir de fundamento a la existencia por encontrarse más allá de ésta y darle un sentido. Todo aquello que sirve a los hombres para dar un sentido a la vida, pero que sin embargo se pone fuera de la vida, es semejante a Dios: la Naturaleza, el Progreso, la Revolución, la Ciencia, tomadas como realidades absolutas son el análogo a Dios. Cuando Nietzsche declara que Dios ha muerto quiere indicar que los hombres viven desorientados, que ya no sirve el horizonte último en el que siempre se ha vivido, que no existe una luz que nos pueda guiar de modo pleno. Esta experiencia de la finitud, del sentirse sin remedio desorientado es necesario para empezar un nuevo modo de vida.

5) Consecuencia de la “muerte de Dios”:

para Nietzsche con dicha “muerte” podemos vivir sin lo absoluto, en la “inocencia del devenir”. De ahí que la muerte de Dios sea la condición para la aparición del superhombre.

 

 

PRESUPUESTOS DE LA EPISTEMOLOGÍA NIETZSCHEANA:

Perspectivismo:

El perspectivismo es una doctrina filosófica que sostiene que el acceso del ser humano al mundo a través de la percepción, la experiencia y la razón, es posible solamente por la vía de la propia perspectiva e interpretación y toda representación es dependiente del sujeto que la constituye. Esto significa que hay muchas perspectivas posibles que determinan cualquier juicio de verdad posible, lo que implica que no hay forma de ver el mundo que pueda ser considerada definitivamente “verdadera”, pero no propone necesariamente que todas las perspectivas sean igualmente válidas.

El concepto fue creado por Leibniz y desarrollado por Friedrich Nietzsche, quien influenció con ideas similares en filósofos como José Ortega y Gasset.

El perspectivismo es un concepto que sostiene que el conocimiento es siempre perspectival y que viene a través de la observación de una cosa, pero desde un punto de vista en particular.

El perspectivismo también niega la posibilidad de una perspectiva integral que podría contener a todos los demás puntos de vista y por lo tanto, hacer la realidad disponible como es en sí misma. El concepto de una perspectiva tan inclusiva es tan incoherente, como el concepto de ver un objeto desde cualquier punto de vista posible simultáneamente.

Nietzsche defiende el perspectivismo: toda representación del mundo es representación que se hace un sujeto; la idea de que podemos prescindir de la situación vital del sujeto, de sus rasgos físicos, psicológicos, históricos o biográficos, para alcanzar un conocimiento del mundo tal y como éste pueda ser es un absurdo. Nietzsche considera imposible el conocimiento de la realidad en sí misma, pues toda afirmación, toda creencia, toda teoría del mundo depende del punto de vista de la persona que la ha creado. Más aún, todo ser dotado de algún grado de conocimiento, de alguna capacidad para representarse el mundo, es tan buen testigo del mundo como nosotros, los seres humanos. Nuestro punto de vista no es mejor para una correcta descripción de la realidad que el de otras especies animales. Quizá existen cien mil representaciones subjetivas. Si se abstrae la nuestra humana, queda entonces la de la hormiga. y si se abstrae toda vida menos la hormiga, ¿de veras ésta sería el hilo del que pendería la existencia? Sí, el valor de la existencia pende del hilo representado por los entes dotados de sensibilidad” (“La inocencia del devenir”).

No existe ninguna experiencia no contaminada por un punto de vista. No existen hechos que nos sean dados inmediatamente; sólo manejamos interpretaciones”. Y no podemos encontrar datos o verdades primeras ni en nuestro conocimiento del mundo exterior, el mundo que llamamos físico, ni tampoco en el mundo interior. La posición de Nietzsche es tan radicalmente contraria a la posibilidad de encontrar una verdad absoluta que ni siquiera cree posible lo que podría parecer la verdad más verdadera.

 

Nietzsche afirmaba que no había un sujeto universal sino una pluralidad de sujetos: El perspectivismo se explica a través de una multiplicidad de sujetos, cuyo juego y cuya lucha son el fundamento de nuestra ideación y de nuestra conciencia.

Para Nietzsche, nos acercamos a la “objetividad” en la medida que vamos conociendo el mundo desde muchos puntos de vista, lo interpretemos desde muchos ángulos, muchos rincones. A más perspectivas, mas acercamiento a la “verdad”.

Para Nietzsche, el perspectivismo es entendido como una lucha de instintos interpretantes que se da en un ser orgánico, pero lo esencial de éste no es el ser orgánico sino la lucha misma.

En definitiva, lo que ocurre, es que existe un mundo que es susceptible de ser interpretado de infinitas maneras por un individuo, pero este individuo se queda con una determinada interpretación, la ganadora de esa lucha interna que se da en él, dentro de él.

El perspectivista no interpreta sus instintos simplemente, también valora una interpretación y lucha por ella en contra de otras perspectivas, en él se da una lucha de perspectivas debido a la lucha interna de sus instintos.

“no hay hechos, solamente interpretaciones” (Nietzsche, 2002, p. 60)

Lo que acontece es un grupo de fenómenos seleccionados y resumidos por un ser interpretador” (Nietzsche, 2002, p. 26).

 

El culto a uno mismo

Vivir creativamente es la respuesta nietzscheana a la gran amenaza. Saber vivir es saber cultivarse y hacer de la propia vida una creación. La urdimbre de la vida consiste en gran medida en la construcción de uno mismo. Dar estilo propio a la vida, forjar un gusto, es lo nos individualiza y distingue.

“La cultura superior no puede ser comprometida: el que ha puesto sólo dos cuerdas en su guitarra, no comprende a los hombres que tocan con más cuerdas.”

Con este aforismo de su ensayo Humano, demasiado humano, Nietzsche sintetiza un problema que todavía arrastramos: nuestra educación, heredera del canon medieval, se centra en asegurar su transmisión y supervivencia, y no en retar, abrir los ojos, improvisar, crear una nueva Academia que, al fin, supere a los sucedáneos de la institución platónica que arrastraron tanto Grecia y Roma como Bizancio y la Europa cristiana. El optimismo de Nietzsche contrasta con el nihilismo de una de sus inspiraciones, la “voluntad de vivir” de Arthur Schopenhauer, quien se conforma por asociar nuestro propósito con un instinto nunca satisfecho y que conduce, por tanto, al nihilismo.

Nietzsche se planteó desde su época de estudiante y joven profesor en Basilea la manera de superar el corsé que había creado en Occidente un gregarismo malsano o mentalidad de rebaño y una supeditación al academicismo más vacío y afectado.

El idealismo del siglo XIX era, según Nietzsche, una decadencia sin vuelta atrás: la Ilustración había, en efecto, acabado con la autoridad incontestable de la Iglesia, pero las ideas y estructuras de poder de ésta (incluyendo su sistema educativo) sobrevivían en el mismo esquema con distinto Dios.Para Nietzsche, platonismo, cristianismo, dualismo cartesiano, nacionalismo y materialismo dialéctico eran la misma idea, adaptada a las circunstancias de cada contexto: de ahí que la educación en el siglo XIX careciera de novedades radicales con respecto al modelo medieval.Esta educación para el futuro debía sustituir a la Academia de Platón y sus sucedáneos, y basarse en una pedagogía descartada por los propios griegos con, precisamente, el auge de la “filosofía” a partir de Platón: los sofistas y presocráticos habían aspirado con valentía, ajenos a las fórmulas y a la formulación de verdades falsas, a una búsqueda de la mejora y excelencia personales:

cultivando varias disciplinas en un sistema (precediendo el holismo 25 siglos);

  • contraponiendo la perspectiva ante el dogma y la costumbre social, la percepción sensorial o el recuento de la experiencia;
  • y no olvidando el cultivo físico (ejercicio, lucha, arte de la guerra).

Esta aspiración a la excelencia no interpretaba al ser humano como una entidad-estanco aislada de lo circundante, y separada a su vez entre un cuerpo decadente y un alma que le precede y sucede (como se plantearía desde el platonismo), sino que el individuo se encontraba sumergido en un entorno en el que debía aprender a desenvolverse, así como cultivar un cuerpo y espíritu que se hallan en flujo constante.  Nietzsche intentaba: que la educación real esté atenta a distintas perspectivas y no sea contraria a nuestra “naturaleza”, un objetivo de la filosofía clásica (evitar, en definitiva, un adiestramiento contrario a la interacción con el medio y a la experiencia).

La crítica de Nietzsche a la educación reglada no es una proyección de sus propias frustraciones como joven profesor en una institución rígida de Centroeuropa, que coincide con el inicio de sus problemas físicos y con el doloroso quebranto de su amistad con Wagner (que le había servido de ejemplo inicial para sugerir las promesas de lo venidero y que luego criticó con dureza).

Nietzsche aclara que, para lograr una pedagogía mejor, el individuo tenía que ser “verdadero” consigo mismo, o indagar en su potencial para, cultivándolo, convertirse en algo mejor: este convertirse, intuía Nietzsche, era un proceso dinámico y que nunca acababa, pero que no podía surgir del aprendizaje memorístico de convenciones regladas, basadas en comentarios del pensamiento de otros.

 

 

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