La feminización de la pobreza

Por Kelly Johana Tutistar Ruiz: 

¿SE HA FEMINIZADO LA POBREZA?

Hablar de feminización de la pobreza es hablar de una realidad que viene de lejos: el feminismo lleva tiempo utilizando esta expresión para connotar el creciente empobrecimiento material de las mujeres, el empeoramiento de sus condiciones de vida y la vulneración de sus derechos fundamentales.

Es una expresión acuñada a finales de los años 70 para cuestionar el concepto de pobreza y señalar un conjunto de fenómenos que, dentro de la pobreza, afectaban con mayor frecuencia a las mujeres.

De todos los factores que pueden incidir en el hecho de que un ser humano sea pobre, ninguno influye tanto como el género. Las mujeres son las que más sufren la desigualdad y la pobreza. Son múltiples los factores que influyen para crear esta realidad: la disparidad de ingresos, el menor acceso de las niñas a la educación, los estereotipos (que suponen un freno para estudiar determinadas carreras o acceder a trabajos más cualificados) entre otros.

Según datos de Naciones Unidas, el 60% de las personas que pasan hambre en el mundo de forma crónica son mujeres y niñas. Ellas constituyen dos terceras partes de los casi 800 millones de analfabetos, ingresan de media un 60% menos que los hombres, poseen menos de un 20% de la tierra cultivable, a pesar de que más de 400 millones de agricultoras producen la mayoría de los alimentos que se consumen en el mundo.

Si bien es cierto que está creciendo el segmento de mujeres que se insertan en el mercado de trabajo global, también lo es que este proceso se está realizando bajo condiciones laborales inimaginables hace sólo 30 años. Las mujeres reúnen las condiciones que pide el nuevo mercado laboral global: personas flexibles, con gran capacidad de adaptación, a las que se pueda despedir fácilmente, dispuestas a trabajar en horarios irregulares o parciales. Su tasa de actividad está muy condicionada al ciclo vital. Así, por ejemplo, podemos ver cómo varía con el cambio en su estado civil (decrece la actividad al casarse) y, de manera aún más acusada, cuando tienen hijas/os.

En conjunto, con el presente texto hemos intentado romper con diversos estereotipos. Primeramente, la visión de la pobreza como simple falta de recursos económicos. La pobreza en sí es un fenómeno multidimensional mucho más amplio que la carencia de recursos económicos, incluyéndose otros. La diferencia de situación y posición de las mujeres y hombres explican que las desigualdades y discriminaciones de género también atraviesan la pobreza y la exclusión. Las mujeres, sus organizaciones y experiencia han sido preferentemente movilizadas como recursos sin valor económico, ni reconocimiento político y que, en el futuro, deberían formar parte de un cambio en la sociedad.

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