Homenaje en el IES El Calero a Miguel Ángel Vera

Por Roque Pérez Rivero, Profesor de Religión, en nombre de toda la comunidad educativa del IES El Calero, leído en el Acto-homenaje que se celebró en memoria de Miguel Ángel Vera, el día 11/10/17

 

A pesar de que hoy es realmente un día triste para todos los que conocimos a Miguel Ángel: su familia, sus amigos, sus compañeros, sus profesores, también es un día en el que se nos hace una llamada a todos a la esperanza.

Hay personas que dejan huella sin tener conciencia de ello. Si tuviera que definir algunas cualidades de Miguel Ángel me quedaría con su eterna sonrisa, y su espíritu de lucha y superación de forma escondida, oculta, sin llamar la atención. Recuerdo verle con su visera sobre su siempre cara sonriente. Nunca quiso ni pretendió tener un trato especial. Siempre buscó y logró ser uno más del curso desde que empezó a acompañarle la enfermedad que terminó por arrebatarle la vida.

Dicen que toda vida humana que viene al mundo lo hace con una misión concreta. Y aunque Miguel Ángel nos deja con tan sólo 18 años podemos decir que él ha cumplido la suya con creces. Ante una sociedad que vive bajo la ley del mínimo esfuerzo, Miguel Ángel no dejó nunca de sacrificarse, de luchar con el fin de superar su enfermedad. Nunca se rindió. Sólo faltaba a clase los días que tenía la quimio o radioterapia.

Ante una sociedad que vive inmersa en la mentira, en la superficialidad, Miguel Ángel vivió su enfermedad con absoluta madurez. Sabía lo que podía sucederle pero nunca permitió que la enfermedad le robase la ilusión por aprender, por ir a la universidad, las ganas de vivir.

Y aunque pueda parecer que Miguel Ángel perdió su batalla, porque ya no se encuentra entre nosotros, no es verdad. Miguel Ángel llevó su vida en peso, sin alienaciones, sin evasiones, sin mentiras. Vivió y, en su corta vida, nos deja un gran legado a los que le conocimos y a los que pertenecemos a la misma comunidad educativa a la que él perteneció. Un legado que no está en escritos ni pinturas. Un legado que fue su propia existencia y las actitudes con las que la vivió. Una persona que supo vivir la enfermedad, no exenta de dolor, con su eterna sonrisa y buen humor; una persona que no conoció la palabra “rendirse”, sino que luchó y luchó contracorriente todo lo que pudo y estuvo en sus manos; una persona humilde, que supo convivir con el miedo pero que nunca permitió que este lo anulase; una persona que nunca se dio por vencida.

La vida de Miguel Ángel fue una existencia llena de sentido y un modelo a seguir para todos nosotros. Comprendió, asimiló y vivió que toda vida humana, al mismo tiempo que es muy frágil, es lo más valioso que existe.

Una vez oí: “No le exijas a Dios explicaciones del por qué se lo llevó, sino dale las gracias por el tiempo que le permitió convivir contigo.” Y, Sí, Miguel Ángel, te vas, pero nos dejas tanto que le doy gracias a Dios por tu vida, y a ti por ese espíritu de lucha, de superación; por enseñarnos sin ninguna palabra, lo que es realmente importante en la vida: que merece la pena optar por la vida hasta el último momento; que merece la pena no tirar nunca la toalla. Gracias, Miguel Ángel, por dejar huella de forma silenciosa hasta el último momento. Gracias. Nunca te olvidaremos. Muchas gracias.

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