El rincón de la Filosofía (I): Filosofía y lenguaje

Por Rubén Benítez (Profesor de Filosofía del IES El Calero):

 

Esta nueva sección, titulada «El rincón de la filosofía», trata de incentivar no solo el pensamiento filosófico entre los lectores de la página, cómo la filosofía nos puede ayudar a interpretar la realidad y a nosotros mismos dentro de ella, sino también la lectura de ciertos libros que nos orienten en ese edificante propósito. Así, ya sabes, ¡sapere aude!

 

Por lo general, se suele considerar que pensar y hablar son dos actividades distintas por esencia. Estas dos nociones se concilian en los actos de comunicación, pero cada una de ellas posee su propio dominio y sus posibilidades independientes. Sin embargo, Emile Benveniste, un lingüista francés, considera que este planteamiento no refleja en absoluto la compleja relación entre lenguaje y pensamiento y las consecuencias que esta relación tiene para la filosofía.

Según Benveniste, los usos de la lengua tienen dos características importantes. En primer lugar, los sujetos que hablan no tienen conciencia de las operaciones que realizan para hablar. Por lo tanto, podemos decir que la realidad de la lengua permanece inconsciente para el sujeto que habla. En segundo lugar, las operaciones del pensamiento reciben expresión en la lengua. Esto quiere decir que los contenidos del pensamiento sólo reciben forma cuando son enunciados a través del lenguaje. La lengua es, por decirlo así, el molde de toda expresión posible y, lo que es más importante, no puede disociarse de ella. En pocas palabras, la lengua da forma al contenido del pensamiento.

Esta última característica nos introduce en una nueva forma de entender la relación lenguaje-pensamiento. Estos dos conceptos ya no se pueden concebir como dos actividades distintas e independientes. Antes bien, lo que sostiene esta tesis es que la forma lingüística es una condición indispensable de realización del pensamiento:

…(sin la lengua) el pensamiento se reduce, si no exactamente a nada, sí en todo caso a algo tan vago e indeferenciado que no tenemos medio alguno de aprehenderlo como “contenido” distinto de la forma que la lengua le confiere (…) No captamos el pensamiento sino ya apropiado a los marcos de la lengua (Benveniste 1974:64).

Por lo tanto, ya no tiene ningún sentido la posibilidad de que el pensamiento pueda prescindir de la lengua: pensamiento y lenguaje son dos conceptos mutuamente necesarios.

Ya en su momento, Aristóteles en su tesis de las categorías, intentó clasificar lo que denominó las condiciones generales y permanentes de los objetos. Para ello propone la totalidad de los predicados que pueden afirmarse del ser. Sin embargo, Benveniste cree que estos predicados no corresponden a atributos descubiertos en las cosas, sino a una clasificación que emana de la lengua. Por tanto, lo que hizo Aristóteles no es sino una proyección conceptual de la lengua griega.

Aristóteles, al intentar definir los atributos de los objetos, no hace más que plantear propiedades lingüísticas. Esta tabla nos informa, ante todo, de la estructura de las clases de la lengua griega. Con este ejemplo recogido de la filosofía antigua, Benveniste quiere demostrar que lo que se puede decir delimita y organiza lo que se puede pensar, o dicho de otro modo, que la lengua proporciona la configuración de las propiedades reconocidas a las cosas.

Por encima de esta categorización, se despliega la noción de “ser” que lo envuelve todo. “Ser” es la condición de todos los predicados. Pero incluso esta noción no es algo fortuito, sino que también es una propiedad lingüística. La lengua griega posee un verbo “ser” de los que han hecho numerosos usos singulares. Debido a este hecho lingüístico, el verbo “ser” ha recibido una extensión más vasta que cualquier otro. Son, por tanto, bajo estas condiciones lingüísticas, donde se desarrolló toda la metafísica griega del “ser”:

… la lengua evidentemente no ha orientado la definición metafísica del “ser”, pues cada pensador griego tiene la suya, pero ha permitido hacer del “ser” una noción objetivable, que la reflexión filosófica podía manejar, analizar, situar como no importa qué otro concepto (Benveniste 1974:71).

Esta variedad de empleos de “ser” en griego es un hecho propio de las lenguas indoeuropeas[1]y no es, en absoluto, una circunstancia universal a las demás lenguas. Todo esto nos indica que la estructura lingüística del griego predisponía la noción de “ser” a una cierta vocación filosófica.

Para finalizar, podemos hacer un breve resumen de las dos conclusiones más importantes que sostiene Benveniste en este texto. En primer lugar, que la lengua delimita los marcos del pensamiento, en tanto que es a través de la lengua como el pensamiento adquiere materialidad. En segundo lugar, que las posibilidades del pensamiento en general y, por ende, las de la filosofía, están estrechamente ligadas a la facultad de lenguaje, puesto que pensar es manejar los signos de la lengua.

 

BIBLIOGRAFÍA:

– Benveniste Emile, Problemas de lingüística general, Madrid, Siglo XXI, 1974.

 

  1. Las lenguas indoeuropeas son aquéllas que provienen de un origen común y están extendidas desde la India hasta el occidente de Europa.

 

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