El rincón de la Filosofía (II): Nuestros dos cerebros

Por Rubén Benítez (Profesor de Filosofía del IES EL Calero):

 

Esta sección, titulada «El rincón de la filosofía», trata de incentivar no solo el pensamiento filosófico entre los lectores de la página, cómo la filosofía nos puede ayudar a interpretar la realidad y a nosotros mismos dentro de ella, sino también la lectura de ciertos libros que nos orienten en ese edificante propósito. Así, ya sabes, ¡sapere aude!

 

Según Deglin, desde el punto de vista de la evolución, el hemisferio derecho se desarrolló antes que el hemisferio izquierdo. Por lo tanto, en el transcurso de la especie humana la memoria visual es anterior a la memoria verbal. Sin embargo, es la aparición de la memoria verbal y, en consecuencia, el desarrollo del hemisferio izquierdo la que produce la asimetría funcional del cerebro humano. Precisamente, esta asimetría funcional es el aspecto clave para entender el avance del hombre respecto al resto de los animales en la escala evolutiva.

Es necesario tener en cuenta que los dos hemisferios no actúan por separado, todo lo contrario, ambos hemisferios están relacionados. Esta cooperación tiene dos matices distintos: por un lado, los dos hemisferios intervienen en las funciones mentales y, por otro, cada hemisferio inhibe en cierta manera la actividad del otro para que el estímulo recibido no alcance sectores que no deben ser activados. En consecuencia, la cooperación de ambos hemisferios tiene por objeto asociar sus capacidades y su recíproco control permite mantener un equilibrio perfecto en la actividad mental del ser humano.


LOS NUEVOS DESCUBRIMIENTOS

Continuando con el recorrido histórico, a partir del artículo de Deglin y siguiendo el libro de Barroso (1994), podemos concluir exponiendo las últimas investigaciones que se han realizado hasta el momento para explicar la cuestión de la asimetría cerebral. Esta nueva línea de investigación trata de buscar indicios de que la especialización funcional no constituye una dicotomía (hemisferio izquierdo-verbal; hemisferio derecho-no verbal) en sentido estricto.

Estos estudios se comenzaron a realizar cuando varios científicos intentaron, a pesar de reconocer que el hemisferio izquierdo es el máximo responsable del lenguaje, descubrieron la posible existencia de ciertas capacidades lingüísticas en el hemisferio derecho.

Por ejemplo, Searleman, cree que existe una participación del hemisferio derecho en la recuperación del habla a consecuencia de un desorden cerebral. Sus estudios realizados en 1983 verificaron que, efectivamente, el hemisferio derecho posee ciertas funciones verbales, aunque es incapaz de asumir todas las funciones lingüísticas del hemisferio izquierdo. En cuanto a la capacidad semántica, el hemisferio derecho se sitúa a un nivel muy próximo al del  izquierdo, sin embargo, en lo relativo a capacidad sintáctica y fonológicas se muestra defectuoso.

Una cuestión que se planteó a raíz de estos descubrimientos fue si los mecanismos mediante los cuales se desarrolla el lenguaje en el hemisferio derecho,  se trata de una reorganización cerebral que se realiza a partir de  unas  capacidades ya  presentes en este hemisferio, o si se produce sin que exista ninguna capacidad previa. En cualquier caso, lo importante de estas investigaciones es que mostraron los indicios para creer que la dicotomía verbal-no verbal no es suficiente para explicar la asimetría funcional.

A partir de esta hipótesis surgen varios modelos alternativos a la especialización funcional que dan lugar a la última etapa del problema de la diferenciación hemisférica (hasta el momento). Uno de esos modelos alternativos es la propuesta de algunos autores que han establecido la ausencia de asimetrías en aquellas “tareas que sólo demandan extracción y discriminación de rasgos sensoriales” (Barroso 1994:195). En el caso del habla y estímulos muy complejos se produce una alta laterización debido a que únicamente el mecanismo especializado de cada hemisferio es capaz de procesar la información. Sin embargo, otros estímulos, fácilmente representables visual o verbalmente pueden ser procesados y codificados por cualquier hemisferio.

Esta relación entre niveles de procesamiento y laterización es formulada por M. Moscovitch en 1979 y es denominada hipótesis de la laterización transmitida. Para Moscovitch la tarea cognitiva consistente en la extracción de rasgos físicos o sensoriales puede ser realizada por ambos hemisferios de manera similar. Las diferencias hemisféricas aparecen en el nivel en el que se realiza la integración de los rasgos categoriales. Finalmente, la información es transmitida al sistema funcional integrado en cada hemisferio sin diferencias estructurales.

Otros autores han relacionado la asimetría funcional con diferentes modos de procesamiento, lo que ha dado lugar a la formulación de nuevas dicotomías. Entre ellas, las más relevantes, son las que hacen referencia a los modos de procesamiento serial-paralelo y analítico-holístico.

La primera dicotomía fue propuesta por Cohen en 1973. Según este autor, el procesamiento secuencial corresponde al hemisferio izquierdo mientras que el procesamiento paralelo al derecho. La segunda dicotomía tiene su máximo representante en Bradshaw y Nettleton en 1983. Estos autores señalan que el hemisferio derecho es superior en cuanto a percepción de relaciones entre las partes y el todo y, el hemisferio izquierdo, es “el responsable de formar el mapa cognitivo y espacial de nuestro entorno” (Barroso 1994:196).

A pesar de que estos modelos fueron concebidos con la idea de paliar las deficiencias del modelo anterior (dicotomía verbal-no verbal), lo cierto es que tampoco han demostrado ser capaces de dar una explicación satisfactoria acerca de la asimetría cerebral.

Actualmente, hay una nueva corriente de investigación aceptada por la mayoría de los científicos expertos en el tema. Es la idea de interacción hemisférica que ha conseguido desplazar a la de especialización funcional. Según estos autores, las diferencias hemisféricas no consisten tanto en una cuestión cualitativa, sino más bien cuantitativa.

El concepto de subsistema está presente prácticamente en casi todas las formulaciones sobre la interacción hemisférica. A la hora de realizar una tarea se necesitan un número determinado de subsistemas que están distribuidos tanto en un hemisferio como en otro. Podemos hablar de laterización de un subsistema en el sentido de que ese procesamiento sólo se produce en un hemisferio concreto. Sin embargo, el resultado final no es una especialización hemisférica de carácter absoluto, puesto que resulta de la actividad de todos los subsistemas situados en ambos hemisferios.

En resumen,  el estudio de las asimetrías hemisféricas ha significado una evolución de los antiguos planteamientos dicotómicos-cualitativos a las nuevas perspectivas estructurales-cuantitativas. Esta nueva concepción de la asimetría cerebral ha desembocado en el interés creciente por los mecanismos de interacción entre ambos hemisferios que aún sigue produciendo teorías muy prometedoras.

 

BIBLIOGRAFÍA:

-Deglin V.L. (1977): “Nuestros dos cerebros”, en Infancia y aprendizaje, revista trimestral de estudios e investigación, nº2, pp. 37-53. Madrid. Editor Pablo del Río.

-Junqué C.  y  Barroso J. (1994): Neuropsicología, “Especialización hemisférica”, pp. 135-198. Madrid. Editorial Síntesis.

 

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