Disertación sobre la libertad de conciencia

Por María Hernández Rocha:

 

La libertad de culto o libertad religiosa es un derecho fundamental que se refiere a la opción de cada ser humano de elegir libremente su religión, de no elegir ninguna, o de no creer o validar la existencia de un Dios y ejercer dicha creencia públicamente, sin ser víctima de opresión, discriminación o intento de cambiarla a la fuerza y ésta fue una de las principales preocupaciones del Estado liberal que surgió luego de la Revolución Francesa de 1789, para independizar al poder temporal del espiritual, frente a la tradicional postura de la iglesia vinculada al poder, y a la educación religiosa en las escuelas públicas.

Una cosa a destacar es la intolerancia religiosa, que motivó luchas sangrientas entre moros y cristianos, católicos y protestantes, persecuciones a judíos que se extremaron durante el nazismo, que incluyó también a los Testigos de Jehová, etcétera, es por ello que el anhelo de la libertad religiosa, si bien se ha plasmado en la mayoría de las constituciones de occidente, y en el Derecho Internacional, suele verse en la práctica limitado por actos discriminatorios e incluso ser objeto de atentados. Y otra de las cosas a destacar en la religión es que en general impuesta al individuo por mandato familiar, pero la libertad que posee como persona, le permite poder cambiarla o no adoptar ninguna cuando sea mayor.

Para acabar un ejemplo de país con libertad religiosa es España tras la importante llegada de flujos migratorios con credos distintos al católico desde que España se convirtió en país de acogida. En la actualidad, viven en territorio español más de un millón de musulmanes, 700.000 ortodoxos y cerca de un millón de evangélicos, por citar las confesiones más numerosas. España es,para las personas que profesan una religión distinta a la católica, un lugar “abierto” en el que existe, no solo en el ámbito teórico, sino también en la práctica,es decir, la “libertad religiosa”.

En mi opinión, todos tenemos el derecho de poder expresarnos libremente, pero siempre con el deber de no menospreciar las creencias de otras personas, ya que de la misma manera que nosotros exigimos que se nos oiga debemos saber escuchar sin ofender.

 

 

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