Disertación sobre el tráfico y la trata de personas

 Por Bianca J. González Pujol

 

El tráfico y la trata de personas es un tema delicado que sigue patente en nuestra sociedad. Aún cuando son graves delitos, estos han ido en aumento con el paso de los años y parece que no tienen intención de detenerse.

 

Para empezar, aclararemos qué es cada uno y en qué se diferencian.

 

La trata de personas consiste en utilizar, en provecho propio y de modo abusivo, las cualidades de una persona. Mientras que, el tráfico de humanos es la facilitación de la entrada ilegal de una persona en un Estado donde no es nacional o residente permanente.

 

Podemos distinguir seis desemejanzas claves con respecto a la trata y al tráfico. Primero que nada, la mercancía entregada, en el caso del tráfico la mercancía es el pago por el cruce de fronteras; en cambio, en la trata lo que se entrega es a la persona en sí.

 

Así pues, el delito que el tráfico de personas comete es contra el Estado receptor del inmigrante clandestino. Sin embargo, el ser humano es el que se ve atacado por el negocio ilícito de la trata de personas. Además, mientras que en los acuerdos de tráfico los beneficiarios son tanto el inmigrante como el traficante (en principio); en la trata de personas solo el tratante y su red ilegal se benefician.

Ahora veamos, cuál es el medio de comunicación por el que los negociantes trabajan. Bueno, en cuanto al traficante, este actúa siempre y cuando el inmigrante le dé su consentimiento. Por el contrario, el tratante usará la coacción, los engaños, la privación de la libertad, el abuso de poder y la vulnerabilidad de la víctima sobre ella misma para convencerla.

 

De tal forma, en temas como el traslado si nos enfocamos en  el tráfico de personas este es exclusivamente hacia el exterior. Asimismo, el transporte de víctimas de trata puede ser tanto exterior como interior.

 

Por último, y no menos importante, podemos ver una gran diferencia entre la finalidad de estos delitos. El fin del tráfico es cruzar la frontera; contrariamente, el objetivo del tratante hacia la víctima es su plena y absoluta explotación.

 

A continuación, nos centraremos solamente en la trata de seres humanos. También referida como la esclavitud del S. XXI.

 

Para empezar, hay que entender a qué tipos de explotación se les somete. La más ejercida es la explotación sexual, donde obligan a las víctimas a prostituirse o dar espectáculos con contenido sexual. Esta actividad conforma el 53% de formas de trata.

 

La segunda manera sería el trabajo forzoso, que compone el 40% del total. Para ello, envían a los perjudicados a países en vías de desarrollo y les exigen trabajar en condiciones inhumanas, ya sea en minas o en fábricas. A su vez, hay otras formas como la servidumbre o la explotación militar que solo ocupan un 7% de la cadena de tratas.

En total hay 12,3 millones de víctimas de trata en el mundo. 1 de cada 5 víctimas son niños; dos terceras partes de la trata de personas están compuestas por mujeres, a las que se las utiliza esencialmente para la explotación sexual y más de un 50% de los hombres y niños afectados por la trata son destinados a trabajos forzosos.

Pero, ¿quiénes son los tratantes? Estos pueden ser tanto hombres como mujeres que estén vinculados a redes de tráfico y que pasen desapercibidos en la sociedad, así pueden reclutar personas que creen las falsas esperanzas que ellos les dan. De hecho, un 28% de condenados por trata de personas son mujeres y un 72% hombres.

 

Según la UNODC (United Nations Office on Drugs and Crime), las principales zonas de destino de redes de trata están en Europa, Oriente Medio y América del Norte y Central. Extrayendo a personas, primordialmente, de Asia, África y Ámerica del Sur.

 

Desgraciadamente, todo tiene sus consecuencias y en este caso, los menos culpables son quienes las sufren. En concreto, comienzan a padecer problemas de salud tanto físicos como mentales, que muchas veces llevan al suicidio.

 

Después de conocer todas las situaciones por las que una víctima de trata tiene que pasar, ¿no se preguntan por qué alguien querría dañar tanto a otro ser humano?

 

Bueno, la respuesta es sencilla: dinero. Este negocio ilícito produce 32 billones de dólares al año. Pese a que, lo peor de todo, es que personas como tú y yo lo fomentamos. Literalmente. Actos tan simples como comprar ropa o teléfonos móviles de marcas muy reconocidas entre los jóvenes contribuye a ello. Participamos indirectamente a que el trabajo forzoso en minas y fábricas se siga desarrollando.

Al igual pasa con la prostitución y con todos los otros factores de actividad de trata.

 

En conclusión, la trata y el tráfico de seres humanos es una realidad que afecta a millones de personas. Hay muchas formas para luchar contra ello, y así ya lo hacen organizaciones como la UNODC hoy en día.

 

Sin embargo, me gustaría añadir una cosa más. Para ser exactos, una frase: “Sin clientes, no hay trata.” ¿Te consideras tú uno?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Comentario

  1. Los gobiernos son directa o indirectamente culpables de esto. Y hasta me atrevería a decir que ellos son los que realmente pueden hacer algo real. Tienen los medios para combatirlo, pero ¿Tienen la voluntad?…

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