Diferencias entre la novela, el artículo literario y el ensayo

 

«La ficción no existe para investigar en un área determinada de la experiencia, sino para enriquecer imaginariamente la vida, la de todos, aquella vida que no puede ser desmembrada, desarticulada, reducida a esquemas o fórmulas, sin desaparecer.»

Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras

 

A diferencia de la novela, en la que la imaginación narrativa juega un papel fundamental, podría decirse que el ensayo y el artículo literario transitan por cauces más estrechos, tienen unas reglas más limitadas y precisas.

Un artículo literario puede reducirse en el fondo a una idea bastante simple, pero revestida con un bonito envoltorio que lo convierta en un texto atractivo a los ojos de los lectores. Como el relato corto, el artículo literario tiene unos contornos definidos que no permiten las divagaciones ni las digresiones excesivamente largas, por muy oportunas o pertinentes que sean. Es como el núcleo de un átomo mostrado en su esencia más pura: simple y perfecto, sin adornos ni alharacas.

Por su parte, el ensayo también se encierra en un férreo corsé que no le permite aventurarse por veredas desconocidas, ni recrearse con la belleza del lenguaje, ni jugar ociosamente con los contenidos. Sus códigos estrictos impiden a la prosa soltarse el pelo y dejarse llevar en un arrebato de creatividad desbordante.

En un artículo literario, un ensayo o un relato corto se sabe perfectamente dónde empiezan y dónde terminan (incluso antes de sentarse a escribirlos), porque la propia naturaleza de estos géneros marca la pauta para ser abordados con éxito.

En cambio, la novela es un artilugio de ficción alimentado con los sueños de la imaginación, con una estructura que posee la libertad suficiente para innovar, mezclar elementos heterogéneos o dispersos, transgredir los límites y las fronteras.

Puede suceder, incluso, que en una novela resulte menos importante lo que se afirma en ella que lo que nunca llegue a decirse, sus zonas de sombra, los espacios en blanco, que se convierten de forma inesperada en el principal motivo de indagación de la lectura.

Por ejemplo, en Crónica de una muerte anunciada el lector sabe desde la primera página que al protagonista de la novela lo van a asesinar, pero la aspiración de saber cómo y por qué lo van a matar es el impulso que necesita para adentrarse sin pensárselo dos veces en el laberinto de palabras de sus páginas.

(Incluso cuando llega al final de la novela, el lector nunca llega a saber con quién perdió su virginidad Ángela Vicario ni por qué ella señala a Santiago Nasar como el autor de su deshonra.)

La novela es un entramado arborescente que podría llegar a ramificarse casi hasta el infinito, que bebe tanto de los hechos sucedidos como de los vuelos de la imaginación desatada, que se construye tanto con la riqueza ilimitada de la fabulación como de los espacios en blanco que no se han podido o se han querido rellenar durante el proceso de creación.

Como ocurre en el caso del artículo literario, del relato corto o incluso del ensayo, en lugar de plegarse sobre sí misma, la novela puede establecer nuevas e imprevisibles derivaciones que se extienden como una constelación de estrellas, como una red infinita de conexiones neuronales o como un jardín de senderos que se bifurcan.

 

 

1 Comment

  1. Cómo lectora yo me decanto por la novela, para mi la lectura tiene que dejar libre albedrío, imaginar personajes, lugares, situaciones…todo esto es lo que hace atractiva la lectura en mi caso.
    Gracias por dejar tan claramente definida la diferencia entre los tres.

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*