Decálogo para vivir la adolescencia en familia

DEPARTAMENTO DE ORIENTACIÓN

IES EL CALERO

 

Comparte todos los días un rato con él/ella. Fomenta una conversación sobre tu día y el suyo, intercambia experiencias y opiniones que, aunque sean contrarias a las tuyas, debes intentar respetar. Escúchalo/a de manera activa, así entenderá que le estás prestando atención.

 

Intenta reaccionar de manera moderada ante situaciones desfavorables. Cuando perdemos los nervios, ellos/as se atrincheran y se rompe el diálogo. Los incumplimientos de acuerdo deben tener consecuencias, pero incluso éstas se pueden negociar en familia.

 

Sustituye la preocupación por medidas de prevención. Intercambia opiniones sobre los problemas actuales que afectan a los/las jóvenes, pero siempre en un ambiente constructivo y no bajo el miedo, ni en formato interrogatorio.

Necesitamos conocerlos para encontrar su lógica: de su forma de actuar, de ser y de aprender; necesitamos conocer sus argumentos. Los argumentos están detrás de sus comportamientos. Esto podemos lograrlo al compartir tiempo y actividades con ellos/as.

 

Ten muestras de afecto. Aunque vayan creciendo ese vínculo debe permanecer.

 

Sé generoso en tus elogios y dale valor a sus esfuerzos más que a sus logros. Sentirse apoyado/a en los estudios les genera seguridad. Ayúdale a organizarse con ello.

 

Evita emitir juicios sobre sus amigos/as de manera directa; también sobre él o ella. Su respuesta a esto puede ser dejar de compartir contigo las situaciones que le generen inquietud e inseguridad. Enséñale a resolver los conflictos desde la serenidad y la calma.

Recuerda que si le posibilitamos estar en ambientes sanos (deportivos, culturales, ecológicos, de ayuda a otros…) coincidirán con otros adolescentes con intereses similares. Apuesta por intentar que tenga una red de buenas amistades.

 

Debemos conseguir que haya otras personas adultas positivas en sus vidas y que en sus actividades haya “monitores” con preocupación por sus vidas. No estaría de más ampliar nuestra preocupación hacia los hijos e hijas de otros.

 

Tienen derecho a equivocarse y debemos permitir que ocurra. Sólo debemos pretender que no tenga demasiados costes y que puedan recuperarse con facilidad.

 

 

 

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*