Crónica de la charla de José Naranjo en el IES El Calero

Las “Vivencias en África” de José Naranjo

Por Rubén Benítez

 

«La vida del ser humano es tan corta que muchas veces le impide comprender este trasiego, la naturaleza mestiza y viajera de la que estamos hechos. Las migraciones son parte de nuestra esencia, somos lo que somos gracias a ellas.»

José Naranjo, Cayucos

 

El tema de la charla no era fácil ni complaciente. Y encima habíamos tenido muy poco tiempo para prepararlo en clase. Aún así, la mayoría de los alumnos pudieron conocer algo del trabajo tan peculiar de José Naranjo y acudir a la charla con algunas ideas previas. Muy poca cosa, si se compara con la gravedad y la magnitud del tema propuesto.

Algo les sonaba por la circunstancia de vivir aquí, en las islas Canarias, tierra de paso para muchos viajeros, corredor migratorio entre tres continentes desde hace mucho tiempo. Los últimos destinos de esos flujos nómadas fueron Cuba y Venezuela. Muchos de nuestros abuelos seguro que se acuerdan todavía de aquello.

A algunos alumnos les sonaba la expresión “crisis de refugiados”, por haberla escuchado recientemente en los telediarios; otros tenían nociones vagas sobre epidemias con nombres peligrosos; pero casi todos sabían lo que era un cayuco o una patera. Habían visto fotos y escuchado numerosas noticias de esas embarcaciones tan precarias que cruzan el mar amenazante en busca de un destino improbable.

Se trataba de hablar sobre la situación del continente africano desde la perspectiva privilegiada de un periodista que no solo tiene su residencia allí, a pie del terreno, sino que está acostumbrado a ver a su alrededor lo que otros no podemos ni imaginar: hambruna, desnutrición, epidemias, guerras, desigualdades y migraciones masivas del continente africano hacia Europa, un tema en el que es uno de los expertos más reconocidos del país.

Y es que por los textos de José Naranjo han pasado y pasan algunos de los dramas más acuciantes de este comienzo de siglo: la epidemia de ébola de hace algunos años, la crisis actual de los refugiados, las guerras interminables que no paran de desangrar el continente. Lo expresó así, “guerras que desangran”, y no pudimos evitar la (¿incómoda?) sensación de saber que somos personas privilegiadas que vivimos en la cara amable del mundo, aquella que no sufre este tipo de males.

Insistió mucho en subrayar lo de “refugiados”, porque parece que solo tienen ese estatus los que vienen de Siria, que es el último agujero negro cerca de la Europa que constituye el Primer Mundo. Pero es que también eran refugiados los que empezaron a llegar en pateras o en cayucos a las costas de las islas Canarias hace ya casi quince años, una noticia que él cubrió para un periódico local en aquel momento.

Todavía no sabía que aquel acontecimiento dramático le iba a cambiar la vida, pero José Naranjo nos confesó que lo vivió como algo muy personal: uno de esos terremotos que cambian el rumbo de tu vida personal y profesional para siempre. A partir de aquel momento lo vio claro: había que contar aquello, tenía el deber moral de mostrárselo a los demás para que no pudiesen mirar hacia otro lado o decir que no sabían nada.

Fruto de aquella experiencia, y de todas las que vinieron después, nacieron múltiples crónicas, algunas colaboraciones y dos libros que son referencias indiscutibles para alguien que desee saber algo sobre el drama de la inmigración ilegal: Cayucos (Debate, 2006) y Los invisibles de Kolda (Península, 2009).

Cuando le preguntaron si alguna vez había dudado sobre su profesión, si el hecho de convivir con el drama de tantas personas de manera tan cercana, le ha pasado una factura emocional demasiado alta, responde que sí sin pensarlo dos veces. “Pero alguien tenía que contarlo. Soy periodista: es mi trabajo. Si no lo hubiese contado yo, habría sido cualquier otro”.

 

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*