Borges, por él mismo

Por Rubén Benítez (Profesor de Filosofía del IES El Calero)

 

“Creo en el alba oír un atareado

rumor de multitudes que se alejan;

son lo que me ha querido y olvidado;

espacio y tiempo y Borges ya me dejan”.

Jorge Luis Borges, El otro, el mismo

 

En los últimos años de su vida, Borges concedió numerosas entrevistas en las que hablaba tanto de su vida como de su trayectoria literaria. Tan prolífico llegó a ser en este género, que existen numerosos libros publicados de entrevistas, así como programas de radio y de televisión.

En estas entrevistas, Borges se muestra extremadamente afable y abierto. Se deja interpelar sin reticencias por las preguntas del entrevistador, y suele responder con esa ironía suya tan peculiar, seguramente una máscara que en el fondo esconde a una persona extremadamente tímida y retraída.

A lo largo de esas conversaciones se desgranan algunos de los temas que más apasionan a Borges: la comparación de la belleza con la sencillez; la metáfora de la vida como sueño; su escepticismo en cuestiones religiosas; su rechazo del tango como música que representa lo argentino; el sentimiento amoroso como una constante a lo largo de su vida; su desdén por la política y por los políticos; el papel de la ceguera en su trayectoria literaria; su creencia en el valor como responsabilidad cívica.

De su infancia recuerda la biblioteca de su padre, que lo incita a leer por puro hedonismo, sin imponer ningún tipo de lectura. Una de las lecturas que más le atraen son las que contienen las enciclopedias. Le gusta perderse por ese caos ordenado que representan los tomos de las enciclopedias: considera que su contenido misceláneo es coherente con su vocación y con la naturaleza fragmentaria de su obra. Es fácil imaginar al joven Borges ensimismado entre los anaqueles poblados de los tomos de la Enciclopedia Británica, que es la que más le gusta, dejándose seducir por las historias que cuentan.

Responder a la pregunta quién es Borges resulta difícil hasta para el propio autor. Sin embargo, cree que de su obra miscelánea se pueden salvar algunos relatos y poemas. Sus relatos favoritos son “Ulrica”, “Funes, el memorioso” y “El libro de arena”. Entre sus poemas favoritos se encuentran “Everness” y Spinoza”. Borges considera que el resto de su producción no es más que los borradores que tuvo que escribir para conseguir estas obras.

No deja de resultar curioso y sorprendente que Borges no se considere el artífice de una obra sólida, constante, orgánica, a pesar de la coherencia metodológica y temática del conjunto. Él piensa, sin embargo, que su obra se compone de fragmentos que tratan de aproximarse a la obra definitiva, pero sin llegar conseguirlo nunca.

Borges insiste en la idea de que él publica una obra únicamente cuando consigue “resignarse” a un texto, pero no porque esté satisfecho de él. Esa cautela a la hora de publicar es una actitud heredada de su padre, quien le aconseja leer mucho, escribir también mucho y publicar poco; y esto último solo cuando esté realmente convencido de ello. De esta manera, infunde en el joven Borges un cierto sentido de la cautela que debe poseer el escritor.

Borges nunca tuvo una formación académica sólida. Se define como un escritor autodidacta y un lector empedernido. Señala que todo escritor debe empezar plagiando a sus maestros, pues la imitación es la base del aprendizaje: no hay que desdeñarla, sino considerarla una parte esencial del proceso formativo.

Por eso le irritan tanto los métodos clásicos de enseñanza en la escuela. En su opinión, todo lo que se aprende fuera de la felicidad individual está condenado al olvido más pronto que tarde. Un ejemplo de esta vocación autodidacta la encontramos en su predilección por los idiomas: Borges cuenta que cuando tenía dieciocho años aprendió por sí mismo alemán para poder leer El mundo como voluntad y representación, de Shopenhauer, porque no le convencía la traducción inglesa del libro.

Borges suele desvelar alguna pista de los pasos que sigue su proceso creativo. En primer lugar, le son revelados el principio y el fin de la historia. Se podría decir que esta es la parte que más tiene que ver con la inspiración, cercana al genio y al talento creativo. A partir de este momento, se dedica a construir una trama y unos personajes que se integren en esos dos momentos de la historia. Esta es la parte que más tiene que ver con el trabajo de artesano.

Con los poemas ocurre algo parecido: le son reveladas una o dos líneas y, a partir de ahí, les da forma, intenta averiguar por qué han venido a parar a su cabeza, qué es lo que le quieren decir.

Se podría decir que el tema principal de su obra es el enigma que representa el tiempo para el ser humano, porque el tiempo es permanencia y fugacidad a la vez. Se funde en nosotros lo que somos con la herencia de lo que hemos sido, porque nunca dejamos de ser parte de lo que hemos sido: somos algo que se consuma, pero también algo que permanece más allá de la diferencia y el cambio.

Borges afirma haber heredado este tema de la filosofía griega, especialmente de la escuela eleática, interesada en explicar los enigmas que encierra el tiempo. Podemos encontrar un buen ejemplo de esta preocupación en las famosas paradojas de Zenón, que muchos años más tarde Borges utilizará como uno de los motivos más recurrentes de sus ensayos, poemas y relatos.

 

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