Arte y lenguas clásicas (I)

Marte

MARÍA SANTANA CEBALLOS 4ºB

El mundo se había detenido a mi alrededor. Me sentía aturdido, perdido, intentando que mi mente tuviera la fuerza de comprender los hechos que acababan de suceder delante de mis ojos. Pues yo, el dios de la guerra había caído en las tentaciones de una bella diosa, y finalmente en las redes de un ser vengativo que ha de ser llamado su esposo. 

Me dispongo a guiar a los jóvenes, a crear destrucción, maldad y avaricia. Muestro virilidad masculina, la violencia, el derramamiento de sangre, el horror... ¿Haber sucumbido a los encantos de aquella mujer, había sido mi letal castigo? Pues terminé engañando a mi esposa Bellona. Me había enamorado y convertido en el amante de Venus, había creado un mundo donde solo se encontraba ella, en medio de un prado donde la paz y el amor era lo que hacía florecer a las azucenas que la rodeaban. Pues eso era lo que ella siempre desprendía, mi querida Venus. Al encerrarme en un paraíso hermoso, pero a la vez lejano, mi imprudencia de seguirte hasta el final, inocentemente me llevó a la humillación por parte de todos los dioses del Olimpo. Pues la ira de tu querido Vulcano manchó mis manos, mi nombre y mi eternidad. Gracias al hecho de habernos descubierto en su ingenioso plan, de vernos a ambos fundidos en un abrazo eterno, el cual iba a terminar ahogándonos lentamente... 

He de admitir que me sentía derrotado, las sábanas blancas me tapaban con delicadeza mientras seguía reflexionando sobre lo ocurrido. Mi armadura, la cual era mi mayor atributo, ahora se encontraba colocada cerca de mis pies, pues yo seguía sentado en donde había hecho el amor con Venus varias veces, con el torso todavía desnudo. 

¿Quién diría que el hijo de Júpiter y Juno, que el mismo que le había dado el nombre al segundo planeta del sistema solar, el que había sido el patrón de los guerreros romanos, terminaría así, descubierto, melancólico y humillado? Pues yo, Marte, padre de Deimos y Fobos junto a su cautivadora madre, la diosa del amor, la belleza y la fertilidad, había terminado en estas circunstancias y ya no habría nada por lo que lamentarse. Pero, sobre todo, a pesar de ese romance tan oculto y silencioso, jamás hubiera podido imaginar que Venus terminaría conmigo, Marte. Pues finalmente el amor, había sido capaz de derrotar a la guerra.

 

El dios Marte - Wikipedia, la enciclopedia libre

 

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