Arte y lenguas clásicas (II)

Saturno devorando a su hijo


VERÓNICA Ponce García 4ºB

Mi mujer Rea está a punto de dar a luz, a punto de parir a uno de mis hijos y esta vez no me pasará lo de siempre, confiaré en que no me destronará. Cada vez va quedando menos y, cada minuto que pasa, cada simple segundo que corre voy estando menos seguro de que sea capaz de controlar el miedo a que me quiten el trono. Las agujas del reloj siguen sonando y mi desconfianza continúa creciendo. Antes estaba seguro de que esta vez iba a poder controlarme, cada vez salen más y más dudas, solo de imaginarme que esa maldita criatura puede quitarme todo lo que tengo y el poder que tengo me desespera y me llena de ira y no creo que sea capaz de aguantar. Al cabo de diez minutos intentando tranquilizarme, no lo consigo, serán por los gritos de mi mujer y las ganas que tiene ella de que nazca ya y de tener a su bebé en sus brazos y en su pecho. Sé que le daré un gran disgusto si me como a otro hijo. Como no conseguía tranquilizarme y mis ganas de que ese ser naciera ya para comérmelo, decido ir a dar una vuelta para relajarme y distraerme un poco, para al menos intentar entrar en razón. Sé que lo que quiero hacer no está bien, pero no me puedo controlar, las ansias de poder y liderazgo son una fuerza mayor a mí que consiguen adueñarse de todo mi cuerpo y mi ser, siento como si otra persona estuviese dentro de mí y decidiendo lo que tengo que hacer o como si alguien estuviera observando y controlando desde la distancia cada movimiento, pensamiento y acto que realizo. Creo que ya es el momento, estoy escuchando más gritos y más fuertes, no quiero ir. Sé que lo voy a ver y no voy a evitar devorarlo, hasta que alguien no venga en mi búsqueda seguiré aquí intentando hacer todo el tiempo posible alejado de esa criatura. Escucho pasos, pero prefiero esconderme, no quiero salir ahí, no quiero que pase lo mismo de siempre. Si no fuese porque no quiero perder el poder huiría de aquí, dejaría a mi mujer tranquila con su querido hijo. Pasados unos siete eternos minutos que han pasado como diez horas escucho un fuerte llanto, ese dichoso sonido hace que toda la ira que llevaba dentro intentando que desapareciera saliera en un solo segundo, cuando llego veo a Rea con ese niño en los brazos, al momento inmediato de verlo se lo arrebato de las manos y lo devoro sin pensármelo dos veces, mi mujer no puede parar de llorar, pero yo estoy tranquilo porque sé que el trono será mío por siempre.

 

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